miércoles, 3 de septiembre de 2008

- ¡CON RAZON! 

Por Miguel Santos
(Septiembre 2008)

Si alguna vez has estado al revés
sabrás ya bien, a que huelen tus pies

Rodrigo Gonzalez

Atravesamos la mañana con la razón atada al zapato. No la queríamos soltar pero nos pesaba demasiado,  como una de esas bolas que llevan sujetas al pie los reos de las caricaturas. Subimos al vagón, Chucho cargando su bola y yo la mía, los dos preocupados de que  nos las robaran, esa línea del metro no gozaba de buena fama, según las guías para turistas; por lo mismo ninguno de los dos prestaba mucha atención a lo que pudiera ocurrirle al otro. Con el cansancio pegado a una esquina de mi razón poco a poco me fui durmiendo. Chucho no hizo nada, según él todo permaneció igual. Pero no le creo. Cuando desperté el cansancio seguía pero mi razón ya no estaba, se la habían llevado. “¿Quién fue?” Le pregunté a Jesús, no me supo responder, sólo abrió sus ojotes, entonces empecé a ahorcarlo. No terminé porque unos hombres lo impidieron. Fui arrastrado a la delegación más cercana y a las tres horas me dejaron salir. Todo gracias a Chuchito, quien para ese momento ya era un hombre extremadamente razonable y prefirió no levantar cargos.

- NOCHE DE ESTRELLAS

Por Miguel Santos
(Agosto 2008)

Me asomé a mis adentros, sólo vi viejos cuentos
y una manera insólita de sobrevivir
miré hacia todos lados dije: “Dios ¿qué ha pasado?”
“Nada muchacho
sólo eres un asalariado.”

Rodrigo Gonzalez

“¡Suba!” Está muy claro, terminaré madreado pero con el ego en alto al ir   mañana por la calle. “¡Suba!” El ring se ve lleno de luz, todo lo demás parece mortuorio, como cuando dicen que ves a dios. Sólo tengo que aguantar los golpes durante tres minutos. Una madriza completa. “¡Usted es un va-lien-te!” El Capitán Rifado era uno de los púgiles con más ínfima categoría en la Asociación Universal de Guantes (¡AUG!). Jamás ganó una pelea en el ámbito profesional. Su mayor logro fue haber resistido los doce rounds cuando le tocó enfrentarse a el Cadáver Galindo, un futuro campeón welter da la ¡AUG!. “Seguro ya conoce las reglas, alguna vez lo he visto por aquí. Creo no hace falta volver a repetirlas.” El Capitán Rifado llegó a perder  hasta los combates que estaban arreglados para que él ganara, el más comentado fue el que perdió en el segundo asalto con el Manitas Vega, otro de nuestros menos agraciados combatientes; tiempo después el mismo Manitas declaró que sólo estaba marcando los golpes y que su intención era seguir así hasta dejarse caer  en el cuarto round. Hasta ahora ha sido imposible saber qué ocurrió aquella noche, el video ha sido analizado por los especialistas una y otra y otra vez. “Treinta segundos y nuestro joven talento parece no querer ya nada.” Después de un breve retiro del ambiente, el Capitán ahora se divierte madreando aficionados que buscan ganarse unos cuantos pesos. Hay quienes dicen que ahora está en su mejor forma. Muy pocos se mantienen de pie los tres minutos y el que lo logra, gasta con dolor un paquete de aspirinas y unas cuantas cervezas. “¡Un minuto cuarenta y cinco segundos! Este muchacho parece un costal, pero no se cae!” Pelear con un boxeador que se midió con los profesionales o es una locura o casi una proeza. Ya veo mis pómulos hinchados y la cara sorprendida de Tere. Ya casi no puedo mantener la guardia. “¡Dos minutos veinte segundos! Cuide sus dientes compañero, su novia los va a extrañar” A pesar de todo puedo pensar que el Cadáver Galindo fue un gran boxeador y que frente a mí se halla uno de sus sobrevivientes. Pinche Capitán. A pesar de todo puedo pensar. El juego de pelota, en la cuadra, iniciara a las ocho de la noche. Habrá posada en la casa de los Mon. ¿O eso fue ayer? Es en la Quinta. San José, el niño y los peregrinos. “¡Dos minutos cuarenta y cinco segundos, nuestro héroe al parecer tendrá que visitar al dentista!” A pesar de todo, sigo pensando. K.O K.O.           K.O

- TU TRANQUILO Y YO NERVIOSO

Por Miguel Santos
(Agosto 2008)

Drop all your work
Leave it behind
Forget all  your problems
And get in my car
And take a drive with me

Ray Davies

Hacia poniente hay un grupo de hombres que vive sobre un monte de sal, tienen la forma común a todos los seres humanos, diez dedos en manos y pies, a la mayoría les crece el cabello,  una apéndice, en fin lo regular. El monte donde habitan esta rodeado de palmeras, si se le observa desde el cielo forma un anillo perfecto, ellos creen que éste es la alianza que ofreció el gran dios a la gran diosa, la que con el paso del tiempo se convirtió en la tierra y ahora va mostrando esa joya a todo el universo; cómo fue que la gran diosa mudó hasta ser la tierra , esa es otra historia, regresemos a los hombres.  Dentro de las creencias de este peculiar grupo está la de que las palmeras son sus protectoras, nuestras divinas les dicen, algo así como sus diosas naturales; ellos, para ganarse la vida, pues también comen, hacen palmeritas de madera y las venden a todos los que pasan en caravana.  Según los testimonios, incluyendo el mío, hay algo de mágico en estos souvenires, nadie se puede resistir a comprarlos, tienen algo difícil de explicar, “al contacto con las manos se apoderan de uno” he llegado a escuchar,  y no sólo poseen esa cualidad sino que también, cuando tienes un problema muy difícil de resolver te acercas a este fetiche y lo acaricias, cierras los ojos buscando una solución a la dificultad y entonces como caído del cielo un coco se estrella en tu cabeza. Ya no habrá de qué preocuparse

- EL QUE NO ARRIESGA NO GANA (o no por mucho madrugar te amanece más temprano)

Por Miguel Santos
(Julio 2008)

La rana del estanque gozaba de pasar las tardes en reposo. Usaba un sombrero desarreglado y permanecía largo rato sople y sople una flauta dulce. No era como las otras ranas. Ellas decían que la tarde se había hecho para saltar de un lado a otro y para croar al viento. La rana del estanque no se acomodaba a las costumbres, cuando debía croar soplaba horriblemente su instrumento y cuando debía saltar intentaba andar, también horriblemente, alternando sus dos ancas. Una tarde en la que nuestra amiga, como todas las tardes, se dedicaba al sosiego, la clásica princesa del cuento llegó al estanque en busca de su príncipe azul; todas las ranas comenzaron a brincar emocionadas y unas a otras se incomodaban esperando ser cada cual la elegida. La princesa al ver tal alboroto prefirió seguir el sonido espantoso de la flauta y encontró un sombrero ahogado en un instrumento de viento. El aspecto peculiar de la especie y su falta de atención para con ella, la sedujo más que la música y los croares infinitos. Tomó al flautista entre sus brazos y lo besó apasionadamente. Al abrir los ojos y esperar que el anhelado príncipe hiciera su aparición lo que encontró frente a ella fue un asqueroso batracio que comenzó a croar tan fuerte como una ambulancia. Desde aquel día, en aquel estanque todas las ranas tocan la flauta dulce y todas las princesas prefieren escoger un buen marido entre los de su especie.

- BAJO UN CIELO DESPEJADO.

Por Miguel Santos
(Junio 2008)

Una estrella guardó sus ojos en el mar y descubrió que su reflejo se bamboleaba, pensó: “en cualquier momento podré caer”.

Un pelícano, raro pirata que dormía durante el día y salía de cacería por la noche, miró la tremenda agitación de la estrella y se abalanzó sobre ella. Una flecha escita rasgó el aire mientras la cara de su víctima permaneció inmóvil.

El estruendo no se hizo esperar, el cielo marino se partió en salados fuegos y la colisión se proyectó hasta el fondo del cosmos.

Instantes después, el monstruo despegó victorioso cargando en el hocico el corazón de la blanca princesa, convertido en pescado y tambaleándose de frío.

El silencio volvió a reinar la noche, mientras Neptuno en su viejo y descuidado trono sentía otra vez que le habían robado a una de sus hijas. “¿Dónde está mi tridente, dónde están los antiguos héroes?”.
Los Escitas fueron un pueblo antiguo de Europa, se ubicaban al norte del Mar Muerto y eran famosos por tener a los mejores arqueros de la época.