Por Miguel Santos
(Septiembre 2008)
Si alguna vez has estado al revés
sabrás ya bien, a que huelen tus pies
Rodrigo Gonzalez
Atravesamos la mañana con la razón atada al zapato. No la queríamos soltar pero nos pesaba demasiado, como una de esas bolas que llevan sujetas al pie los reos de las caricaturas. Subimos al vagón, Chucho cargando su bola y yo la mía, los dos preocupados de que nos las robaran, esa línea del metro no gozaba de buena fama, según las guías para turistas; por lo mismo ninguno de los dos prestaba mucha atención a lo que pudiera ocurrirle al otro. Con el cansancio pegado a una esquina de mi razón poco a poco me fui durmiendo. Chucho no hizo nada, según él todo permaneció igual. Pero no le creo. Cuando desperté el cansancio seguía pero mi razón ya no estaba, se la habían llevado. “¿Quién fue?” Le pregunté a Jesús, no me supo responder, sólo abrió sus ojotes, entonces empecé a ahorcarlo. No terminé porque unos hombres lo impidieron. Fui arrastrado a la delegación más cercana y a las tres horas me dejaron salir. Todo gracias a Chuchito, quien para ese momento ya era un hombre extremadamente razonable y prefirió no levantar cargos.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario